miércoles, 27 de enero de 2010

Los sentimientos.

No me hacen falta demasiadas palabras para que entienda las cosas a la primera, no me hace falta una lágrima para sentir lástima ni que me mendiguen cariño y confianza. Creo que estoy donde debo estar cuando debo estar o al menos lo intento. Un papel y un bolígrafo me diferencian de los demás, pero no siempre sé cómo expresar ciertas cosas sin que alguien se sienta identificado. Tengo heridas internas de esas que tardan mucho en curarse, tengo un corazón en vacaciones por tiempo indeterminado, tengo sentimientos que a veces se me olvidan sin querer. Y sin hablar de los sueños guardados como tesoros, escondidos por miedo al rechazo o por miedo a lo que me hiciesen sentir. Si hablo de lo que sentí seguramente perdería su magia, así que lo plasmo en otras historias con finales alternativos que no tuve… Si me pongo a escribir con el corazón, me saldrían las típicas palabras de una adolescente de mi edad. No quiero dudar de mí misma y menos de lo que puedo llegar a sentir. En la batalla mente y corazón hay un claro ganador, al menos en este último año, mi mente ha tratado de tranquilizar a mi corazón y ahora como si nada parece que todo lo que ha hecho no me ha servido. Tanto pensar, tanto pensar creo que me acabará haciendo daño. Tengo que centrarme y que la mente vuelva ganar a este corazón tozudo que no se echa atrás nunca. No hay prisa para volver a celebrar una victoria. También hay que saber aprender de las derrotas.

Pues bien, existen varios tipos de sentimientos, por una parte poseemos los benévolos sentimientos, aquellos que nos llenan de alegría; como bien podrían ser la felicidad, el gozo y la esperanza; y por otra parte poseemos los malos sentimientos, los que nos llevan a la melancolía; como por ejemplo el odio, la aversión, la tristeza, la desesperación, el temor y la ira. En cambio, existen tipos de sentimientos que pueden ser tanto buenos como malos; como bien son el amor y el deseo, por ejemplo. A veces lo más duro de algunos sentimientos es compartirlos con otras personas. Pero el hecho de compartir tus sentimientos te puede ayudar, tanto cuando se trate de buenos sentimientos como de otros que no sean tan buenos. Cuando la gente habla sobre sentimientos, a veces utiliza la palabra "emociones". En definitiva, un sentimiento es el resultado de una emoción tras la cual se expresa lo que se siente o lo que se imagina.

Mi concepto sobre la felicidad ha sido casi siempre el mismo: felicidad sinónimo de color de rosas, tener una vida sin grandes sobresaltos, sentirme a gusto conmigo misma y con lo que hago, y sobre todo intentar mejorar y aprender cada día de lo vivido. No me gustan los imprevistos, me cuestan los cambios. Necesito sentirme arropada por las personas que quiero, saber que soy tan necesaria para ellos como ellos para mí. Cuando nos sentimos felices, sonreímos con facilidad. La sonrisa es nuestra respuesta a un estado emocional. Por otra parte, el gozo va acompañado también de la alegría; éste es un sentimiento de placer causado por algo agradable. Dicen que estos dos sentimientos son los que nunca se equivocan, son sentimientos infalibles, pero por más que llego a pensar creo que todos los sentimientos llegan a fallarte alguna vez…

Si más no, el amor es un buen ejemplo. El amor puede ser bueno o puede ser malo, puede ser un amor correspondido o un amor no correspondido. Pues bien, ¿por qué no hablar del amor? Si al fin y al cabo es el sentimiento más importante y precioso, porque el amor, para mí, es el mejor sentimiento que puede existir. Y la verdad, todos sentimos amor alguna vez en nuestras vidas, ya sea amor a los amigos, amor a tu propia familia, amor a tu pareja… Hay varias clases de amor, pero hablamos del que te lleva hacia tu pareja, de lo que se conoce por amor verdadero, del amor que lleva esa frescura hacia el color rojo, el color de la pasión, el color de una rosa bien firme, el color de un corazón sano... Éste, un sentimiento difícil de describir, pero sólo sé una cosa, que cuando lo sientes eres la persona más feliz.

Cuando quieres a alguien, cuando das un beso, un abrazo o simplemente unas palabras que te hacen llorar de la emoción, demuestras que sientes amor. A cualquier persona le gusta sentirlo o simplemente estar enamorado, porque te sientes como un pequeño niño que ha conseguido lo que quiere, como si estuvieras en un sueño del que no quieres despertar. Pero, a veces no es como todos deseamos que sea, a veces el amor hace daño, sí… ya que cuando hay alguna desilusión, alguien que te quiere te hiere el corazón, entonces es cuando te sientes por debajo del mundo, te sientes sin ganas de existir. Sientes que la vida no tiene sentido si no estás con esa persona, y entonces es cuando empiezas a recordar lo feliz que eras en aquella época, entonces es cuando aquel sentimiento de color rojo, pasa a ser un sentimiento gris, negro, obscuro… entonces es cuando lloras y te mueres de dolor ¿y sabes por qué? Porque añoras no estar viviendo todo aquello, porque extrañas a la persona que amaste con todas tus fuerzas… Puede ser que todo esto, sea una definición, una expresión o un texto muy pesimista, pero es la realidad. El amor cuando lo estás teniendo en tus manos se debe aprovechar; es indispensable para sentirte feliz y bien con las personas que te envuelven, y ¿por qué no? Contigo mismo.

Así entonces, podemos llegar a la conclusión de que los sentimientos son palabras abstractas. Las palabras, son esa cárcel de significados, de sentimientos, de emociones, de ideas… Las palabras que marcan nuestras vidas, esas que nos hacen sentirnos bien o mal. Las mismas que a veces nos hace falta escuchar, las que nos confunden en muchas ocasiones, las que se adueñan de nosotros, las que nos hacen soñar. Palabras... las tuyas... las echaba de menos.

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